AYUNO INTERMITENTE Y COMPOSICIÓN CORPORAL – ¿EVIDENCIA DE AUSENCIA?

Ayuno intermitente y composición corporal

Si te encuentras leyendo esta entrada, muy probablemente hayas escuchado hablar sobre el ayuno intermitente (IF). Por desgracia, también es posible que hayas leído afirmaciones e hipotéticos efectos del IF en la salud y el rendimiento que se acercan más a la ciencia ficción que a la Ciencia en sí misma.

Uno de los requisitos más llamativos para (auto)proclamarse gurú en este sector es defender fehacientemente algún compuesto/herramienta/estrategia extravagante; dotarla de un aire fresco, innovador y revolucionario (por supuesto, con dudosa efectividad/eficiencia objetiva); y disponerse a vender productos o servicios que empleen ese secreto que nadie quiere enseñarte y que, en cambio, el gurú sí te muestra.

En este artículo, intentaré arrojar información lo más objetiva posible acerca del IF. Empezaremos evaluando y contrastando aquellos efectos más llamativos atribuidos a esta herramienta para, a continuación, observar si el IF (junto al entrenamiento de fuerza) es superior a otros patrones de distribución de comidas en cuanto a composición corporal se refiere.

Sin más, vamos a comenzar.

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Náuseas y vómitos, o cómo no vomitarle al juez

Post - Nauseas y vómitos

Verano. Son las seis de la tarde. Hace más calor que en la comunión de Charmander (más aún si se trata de un gym comercial), y la fuente de abastecimiento de agua más cercana está en un patio exterior que hace las veces de sauna al aire libre (va a beber agua quien yo me sé).

“La vin compae, qué calor hace. Nah, no pasa nada. Si yo apenas sudo” son las frases que resuenan en tu cabeza en un intento de consolarte y centrarte en el levantamiento tan exigente que te espera en tan solo unos segundos.

Pones tu canción de rock comercial favorita (o Manuel Carrasco, si eres Víctor) y vas a muerte con todo. Sin embargo, a mitad de serie te entran náuseas, malestar general y gastrointestinal: parece que vas a implosionar desde dentro e, incluso, recuerdas que habías comido lentejas antes de ir a entrenar. Finalizas la serie, en el mejor de los casos, un tanto decepcionado, y con un mal sabor de boca (nótese el juego de palabras).

Si quieres evitar que esto te ocurra durante tus sesiones de entrenamiento o, aún más importante, en competición, este es tu artículo.

Veamos pues si Israetel sigue nuestros consejos y puede evitar ese mal trago.

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